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Adolescencia: una etapa transformadora que exige adultos a la altura

Adolescencia: una etapa transformadora que exige adultos a la altura

La adolescencia es la etapa más transformadora de la vida. Una llamada a mirarla sin miedo y a asumir la responsabilidad adulta que exige.

Soy Noelia Hernández de @adolescenciaconnoelia, profesora y experta en adolescencia, con formación en Disciplina Positiva, Educación Emocional y Comunicación Estratégica.

 Y voy a empezar distinto.

No voy a empezar diciendo que la adolescencia es complicada, ya estoy cansada…

Me atrevo a afirmar algo mucho más incómodo —y mucho más honesto—:

la adolescencia es la etapa más importante, transformadora y, sí, también retadora de toda la vida.

Y precisamente por eso no nos queda otra que poner el foco en ella.

Dejar de estigmatizarla.

Dejar de mirarla con miedo.

Y empezar a aprovecharla y disfrutarla.

La de ellos y ellas ahora… y también la nuestra, la propia, la que muchos adultos aún no hemos terminado de abrazar.

Cuando una etapa es tan decisiva y tan profundamente humana, el problema no es que sea exigente.

El problema es no estar a la altura de lo que exige.

La adolescencia como privilegio: cuando acompañar también transforma al adulto

Me considero una auténtica afortunada de la vida.

Porque siendo la adolescencia la etapa más humana que existe, yo tengo el privilegio de convivir con ella todos los días. Trabajo con adolescentes, con sus familias, con sus preguntas incómodas, su sensibilidad a flor de piel y su capacidad brutal para detectar la incoherencia adulta.

Cada día aprendo, me empodero y me transformo junto a ellos. Y eso no está pagado.

Esto es algo que me gustaría que más adultos pudieran ver —y sí, incluso aprovechar—.

Porque hay una verdad poco contada: los primeros que salimos beneficiados cuando acompañamos bien la adolescencia somos los adultos.

Acompañar esta etapa nos obliga a revisarnos, a escuchar de verdad, a soltar el control y a crecer. Y quizá por eso incomoda tanto: porque no permite atajos.

La adolescencia no es “difícil”: es exigente

Durante años hemos construido un relato que reduce la adolescencia a conflicto, rebeldía o problema. Este discurso no es inocente.

Estigmatiza a los adolescentes y desresponsabiliza al mundo adulto.

Desde la neurociencia sabemos que en esta etapa se están reorganizando áreas clave del cerebro relacionadas con la identidad, la regulación emocional, la toma de decisiones y el vínculo social. No es caos. Es reconstrucción.

Y toda reconstrucción necesita tiempo, contexto y acompañamiento.

El problema no es que los adolescentes estén perdidos.

El problema es que les estamos pidiendo que atraviesen una de las etapas más transformadora y esencial de la vida con herramientas insuficientes y adultos desbordados o ausentes.

Adolescencia con Noelia: un espacio para entender y empoderarnos juntos

De esta convicción nace Adolescencia con Noelia, un proyecto creado para que adolescentes y adultos de referencia puedan entenderse, conectar y empoderarse mutuamente.

No es un espacio para “arreglar” adolescentes.

Es un espacio para comprender qué está pasando, con criterio, evidencia y humanidad. Para ofrecer a familias, educadores y a los propios adolescentes marcos claros, lenguaje común y herramientas reales que permitan atravesar esta etapa sin miedo y sin soledad.

Mi compromiso es firme y sostenido: divulgar, concienciar y acompañar.

Divulgo y acompaño a adolescentes, familias y profesionales para que puedan entender qué ocurre en la adolescencia y atravesarla con responsabilidad, rigor y conexión real.

Correr y adolescencia: dos experiencias que transforman

Este año decidí llevar este mensaje más allá de las aulas y de las redes.
 Estoy recorriendo España corriendo medias maratones, uniendo dos realidades que para mí tienen mucho en común: correr y la adolescencia.

Como amante del deporte, sé que correr no va de ir rápido ni de evitar el cansancio. Va de sostener el esfuerzo, escuchar el cuerpo y no rendirse cuando aparecen el dolor o la duda.

La adolescencia funciona exactamente igual.

Por eso, en cada carrera llevo y llevaré un mensaje claro:

 “Correr y adolescencia, cosas que transforman”.

Y en cada media maratón por España, este mensaje se amplía con otros que no podemos seguir esquivando como sociedad. Mensajes que ponen el foco en realidades urgentes vinculadas a la adolescencia: el impacto de las redes sociales y las pantallas, la salud mental, el bullying, la educación afectivo-sexual o el acompañamiento emocional.

No son mensajes provocadores por estética.

Son llamadas a la responsabilidad adulta, basadas en datos, evidencia científica y en lo que veo cada día en contacto directo con adolescentes y familias.

Este reto deportivo no busca épica personal. Busca visibilizar lo que importa, generar conversación y recordarnos que hay ámbitos en los que no podemos seguir mirando hacia otro lado ni quedarnos con los brazos cruzados.

Acompañar la adolescencia no es una opción: es una urgencia social

Desde mi labor como divulgadora especializada en adolescencia, lo veo con claridad:no son los adolescentes quienes están fallando.

Es el acompañamiento el que llega tarde, mal o no llega.

Acompañar bien la adolescencia no es una moda educativa ni una opción más.
 Es una responsabilidad social, ética y profundamente humana.

La adolescencia no necesita ser corregida.

Necesita ser comprendida, sostenida y respetada.

Y para eso, hoy más que nunca, necesitamos adultos a la altura.

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La lectura como refugio: la ciencia detrás de un hábito protector

Rosario Rothamel

Directora de La Granja – Ability Training Center

Leer no siempre fue mi refugio. De niña, leer me aburría, me desconcentraba, nada me atrapaba. Pero con el tiempo algo cambió. La lectura dejó de ser una obligación escolar para transformarse en uno de mis rituales de bienestar más preciados: mis momentos de descanso programados, como diría Rafael Bisquerra. Son instantes al día en los que dejo que mi mente se sumerja en las palabras, como una buceadora en un océano, sin distracciones, con sentido, con vida.

Ciencia que respalda el placer de leer

La lectura no solo entretiene: también cura, calma y protege. La ciencia lo respalda:

  • Un estudio de la Universidad de Sussex encontró que leer apenas seis minutos al día puede reducir el estrés en torno al 68 %, superando a muchas otras actividades relajantes como caminar o escuchar música.
     📚 Fuente
  • En adolescentes, un programa de story reading mostró mejoras claras en salud mental tras solo cinco semanas: más optimismo, emociones positivas, mejora en mindfulness, y reducción de ansiedad y depresión.
     📖 Fuente
  • Revisiones recientes en neurociencia muestran que leer de forma sostenida está asociado a cambios estructurales en el cerebro: mayor conectividad, desarrollo de la materia blanca, mejoras en fluidez lectora, memoria y funciones ejecutivas.
     🧬 Fuente

Leer para cuidar… e incluso prevenir

El psicólogo Francisco Villar ha hablado abiertamente sobre la lectura como herramienta preventiva en salud mental, incluso frente a situaciones extremas como el suicidio. Para él, generar hábitos que fortalezcan el vínculo con uno mismo, que permitan pausar el ruido externo y procesar la vida interior, puede ser una forma de sostener emocionalmente a quienes lo necesitan. La lectura —dice— abre mundos, pero también tiende puentes hacia dentro.

En un contexto donde las pantallas saturan la atención, la lectura puede ser un refugio para calmar la mente, reconectar con lo esencial y, sobre todo, para no sentirse solo. Es presencia. Es pausa consciente y quietud activa. Es acompañamiento silencioso.

Beneficios emocionales menos visibles, pero esenciales

  • Leer en voz alta. De pequeña, esta práctica me generaba ansiedad: el error, la vergüenza, el juicio. Pero encontré en mi padrino Carlos el espacio más bonito y seguro para hacerlo. “Aunque te dé vergüenza, léeme un poquito más… vas a ver que cada día lo harás mejor”, me decía. Y así, poco a poco, fui encontrando en su voz y su mirada una confianza que no sabía que necesitaría. Años después, leer en voz alta es una de las cosas que más disfruto. A veces, frente a 50 o 60 niños que esperan saber qué pasará con Bruna, Simón o quien sea el personaje del día… me siento como una cantante de rock en su escenario. No sé si eso le gustaría a mi padrino. Bueno, sí. Sí lo sé. Le encantaría.
  • Atención plena. Leer no es solo “hacer algo”. Es dejar de hacer mil cosas a la vez. Es poner la mente en un solo lugar, una sola línea, una sola historia. Es como meditar, pero con letras. Como hacer yoga, pero desde la comodidad del sofá.
  • Empatía y comprensión emocional. Leer nos hace vivir otras vidas, sentir otras formas de pensar, conectarnos con emociones que no siempre sabemos nombrar. Tanto en la niñez como en la adultez, la lectura nos habilita la entrada a nuestro inconsciente. Leyendo, encontramos respuestas profundas que conscientemente tardaríamos mucho en formular.

Encontrar tu forma de leer

Yo nunca leo un solo libro a la vez. Me aburro. Me los termino demasiado rápido y no tengo tiempo para procesar lo que me están diciendo. Me gusta intercalarlos, volver a ellos días después. Me gusta que lo leído repose en mi cabeza como cuando dejas marinar una idea.

Pero también hay quienes prefieren leer uno solo, de a poco, con calma. O quienes leen cómics. O cuentos breves. O libros de autoayuda. O poesía. Incluso personas que: ¡empiezan leyendo el final! Todas las formas son válidas. Lo importante no es el formato. Es el hábito. Es ese momento diario que se convierte en un acto de autocuidado.

Leer como acto cotidiano de bienestar

Rafa Guerrero, desde la neuroeducación, nos recuerda que leer no es solo un entretenimiento: es una práctica que fortalece funciones ejecutivas clave. Leer ayuda a regular emociones, a sostener la atención, a transitar la frustración, a mejorar el vínculo con uno mismo y con los demás.

Leer es una forma de cuidar el cuerpo emocional. Es darte un rato para estar presente. Para no tener que responder nada. Para solo estar.

Veredicto

Leer cura. Leer enseña. Leer acompaña.


 En las páginas de un libro nos encontramos con nuestras dudas, con nuestras historias no resueltas, con nuestras propias voces. A veces, un párrafo basta para cambiar el ánimo de un día. A veces, una lectura compartida basta para sembrar una vocación.

Te invito a que busques esa forma de leer que te haga bien. No importa cómo empieces. Solo empieza.

 Y en el siguiente capítulo… ¡el poder de la escritura!

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Respiramos juntos: mindfulness para crecer con bienestar en el aula

Anna Farreras

Maestra de educación primaria, infantil y especialista en educación musical. Certificada en Disciplina Positiva. Especializada en Competencia Digital Docente.

Después de las vacaciones todos recordamos la sensación de calma y energía renovada que nos aportan. Estos momentos nos muestran lo importante que es cuidar cuerpo y mente para prevenir el estrés y recuperar equilibrio. ¿Y por qué no ofrecer esta misma experiencia a los niños y niñas en la escuela?

El mindfulness es una forma sencilla y efectiva de hacerlo. Se trata de crear pequeños espacios de pausa donde los alumnos aprendan a estar presentes, respirar con consciencia y escuchar el silencio.

Esto fomenta que descubran cómo relacionarse con atención y cómo identificar las propias emociones en el día a día. Estos momentos de calma aportan beneficios claros: mejoran la concentración, reducen el estrés y ayudan a gestionar pensamientos sentimientos.

También potencian la capacidad de aprender y, sobre todo, enseñan a disfrutar del presente con mayor serenidad. Cuando acompañamos al niño a explorar lo que siente ya aceptarlo sin juicios, estamos construyendo las bases de un aprendizaje más humano y significativo.

Aquí y ahora, también en la escuela

Incluir este tipo de actividades en la planificación de clases es clave e indispensable para que descubran cómo relacionarse con atención y cómo identificar las propias emociones en el día a día.

Practicarlas antes de empezar un nuevo aprendizaje, al volver del patio o del comedor pueden ser buenos momentos.

Por eso, en nuestras programaciones didácticas, la palabra BIENESTAR debería tener siempre un lugar destacado en nuestro horario escolar.

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Odontología: Por qué necesitamos integrar la salud emocional en las facultades

Dra. María Quintana

Ortodoncista y CEO de Mind-Q (coaching para mujeres dentistas).

Uno de los mayores retos de las dentistas es la falta de educación emocional, la gran ausente en los programas docentes de las facultades de odontología.

Uno de los desafíos que tenemos las odontólogas en nuestra profesión va mucho más allá de la teoría y la práctica, ya que está relacionado con toda esa falta de educación emocional tan importante en el sector sanitario. En las universidades de odontología temas tan cruciales como estos no se enseñan y siento que debería ser un básico en nuestras facultades.

Cuando empecé a trabajar como odontóloga, pensaba que lo más difícil sería dominar la parte técnica. Pero con los años, y gracias a mi experiencia como responsable médica y como coach de odontólogas, he descubierto otra realidad: el mayor reto de muchas profesionales no es clínico, si no interno y es la falta de educación emocional.

He conocido a mujeres con una formación académica excelente que, a pesar de ello, dudan de sus decisiones, sufren estrés y ansiedad y sienten que tienen que demostrar su valía constantemente. Todos estos síntomas no siempre se ven a simple vista, pero se manifiestan de muchas maneras: dificultad para comunicar con seguridad, miedo constante a equivocarse, bloqueos a la hora de resolver una incidencia con pacientes, o la sensación de no estar nunca a la altura, por mucho que sigan formándose.

En una encuesta que realicé a 54 mujeres odontólogas de entre 25 y 45 años, el 86 % expresó sentirse insegura en algún momento de su práctica clínica, especialmente en la comunicación con los pacientes y en la toma de decisiones. Los temas más mencionados fueron el estrés, la autoexigencia, el perfeccionismo y el miedo al juicio externo.

Una situación vivida hace un tiempo lo hizo aún más evidente.

Un día, en la clínica, vino un paciente muy enfadado. Las doctoras presentes en ese momento vieron cómo entraba a hablar conmigo. Le hice pasar al gabinete, le pedí disculpas por los inconvenientes que le hubiéramos podido ocasionar y le invité a explicar todo lo que necesitara. Le escuché con calma, respeto y compasión, y le ofrecí una solución.

Cuando salió del gabinete, aquel paciente que había entrado tan tenso y enfadado me dio un abrazo y se marchó con una sonrisa. Justo después, una de las doctoras que había presenciado la situación se me acercó sorprendida y me dijo: “María, ¿cómo lo haces? ¿Cómo consigues que un paciente que entra tan enfadado salga tan tranquilo y agradecido?”.

Aquella pregunta me impactó profundamente. Fue el momento en el que se confirmó aquello que hacía tiempo intuía: tener recursos ya no era opcional, sino una necesidad real para la práctica diaria como odontólogas.

Las profesionales que me rodeaban aquel día estaban altamente formadas, pero aun así no sabían cómo gestionar situaciones como aquella. Y no era por falta de capacidad, sino porque nadie, ni en la universidad de odontología ni en las formaciones posteriores, les habían enseñado cómo gestionar emocionalmente esos momentos de tensión y conflicto que, inevitablemente, forman parte de nuestro día a día como odontólogas.

Estas dificultades emocionales, aunque a menudo se viven en silencio, tienen un impacto directo en la calidad de la atención al paciente, en la satisfacción laboral de las dentistas y en la relación con el equipo. Y, lo que es más importante, afectan profundamente a la autoestima de las odontólogas.

Por eso, es urgente y necesario que empecemos a hablar más del aspecto emocional dentro de la odontología. Necesitamos formarnos a nivel de conocimientos y técnica, pero también (y no menos importante) necesitamos herramientas para gestionar nuestros pensamientos, emociones y creencias que condicionan nuestra manera de estar en la consulta.

Incorporar recursos como el autoconocimiento, la regulación emocional y el apoyo entre profesionales puede marcar la diferencia entre una odontóloga que pasa el día con angustia y malestar, y una que se siente segura y satisfecha con su trabajo.

La intención de este artículo es visibilizar todo aquello que también forma parte de la profesión de odontología y que, muy a menudo, escondemos: las emociones, las dudas, los miedos y las inseguridades. Hablar de ello con naturalidad es el primer paso para integrarlo en nuestro ejercicio profesional y así poder dar a conocer que las universidades de odontología tienen el deber de introducir en sus programas académicos la educación emocional.

Cuando estos recursos están al alcance de las doctoras, empiezan a evidenciarse cambios reales: aumenta la seguridad clínica, mejora la comunicación con los pacientes y disminuye la carga emocional que a menudo acompaña la práctica diaria. Apostar por la educación emocional no es opcional, sino una inversión directa en la calidad de nuestro ejercicio como profesionales de la odontología.

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Cuando el talento empieza en casa: el papel esencial de la familia en las altas capacidades

Por Vanessa Amat

Comunicadora y profesora experta en Altas Capacidades, fundadora de Hirameki AACC y Mentes Despiertas, un espacio de enriquecimiento para niños y niñas de 5 a 10 años

Cada vez que una familia me contacta con la sospecha, o con la certeza, de que su hijo o hija puede tener altas capacidades, comienza un viaje fascinante, lleno de desafíos, descubrimientos y, sobre todo, de transformación. Una transformación que, contrariamente a lo que muchos creen, no empieza en el aula. Comienza en casa. Porque la familia en las altas capacidades no solo acompaña: influye de manera decisiva en todo el proceso de desarrollo.

La evidencia científica es clara: la familia tiene un papel determinante en el desarrollo académico, emocional y personal de los niños con altas capacidades. Sin embargo, este papel no siempre se entiende ni se asume con claridad. Por eso, antes de trabajar con los niños, trabajo con sus familias.

Del mito a la comprensión

Durante años, la sociedad ha convivido con mitos en torno a los niños con altas capacidades: que lo logran todo solos, que no necesitan apoyo, que son pequeños genios que funcionarán “sí o sí”. Nada más lejos de la realidad. El talento necesita ser reconocido, nutrido, comprendido y acompañado, y para ello, la familia en las altas capacidades es la primera escuela emocional, intelectual y ética de estos niños y niñas.

Desde el primer momento, incluso antes de que un informe de evaluación realizado por un profesional experto confirme las altas capacidades, la observación de las familias es crucial. Las preguntas incesantes, el lenguaje precoz, la sensibilidad emocional o la curiosidad desbordante no son casualidades: son señales. Y como tales, necesitan ser entendidas, no silenciadas ni ignoradas.

¿Por qué trabajo primero con las familias?

Como profesional experta en AACC, he visto cómo el desconocimiento o la presión puede llegar a desbordar a las familias: por miedo a “etiquetar” a sus hijos, por temor al rechazo social o, incluso, por la creencia de que “si es listo, le irá bien sin hacer nada”. Pero también he visto la otra cara: familias que, al comprender el perfil de su hijo, se convierten en sus mejores aliadas, defensoras y facilitadoras.

Por eso, mi primer paso siempre es acompañar a la familia: ya sea en el momento de la sospecha, con un informe de identificación en mano o en fases más avanzadas. Las asesorías familiares que ofrezco están pensadas como un espacio seguro, libre de juicios, para hacer preguntas, compartir inquietudes y trazar un plan. Un plan que no busca moldear al niño a una expectativa externa, sino crear el entorno donde pueda desarrollarse a su ritmo, con sus pasiones y con sus retos.

Talento en equilibrio: ni sobreimplicación, ni abandono

El desarrollo del talento no es una carrera de fondo gestionada por padres helicóptero. Tampoco un proceso automático que sucede “porque sí”, por arte de magia. Lo ideal es encontrar un equilibrio: familias presentes, conscientes, que promuevan la autonomía y el esfuerzo, pero que, por supuesto, no condicionen su amor al rendimiento.

He visto lo que puede suceder en ambos extremos: padres tan involucrados que asfixian; otros tan ajenos a lo que suponen las altas capacidades que el niño crece con la idea de que su diferencia es un problema. Lo más efectivo es ofrecer un apego incondicional y cultivar un entorno emocionalmente seguro, intelectualmente estimulante y humanamente comprensivo.

La familia como promotora del talento

La familia en las altas capacidades actúa como el primer entorno de aprendizaje. Las conversaciones en casa, los libros a mano, las visitas a museos, el respeto por las preguntas, la validación de las emociones intensas, el tiempo para crear sin límites, son pequeñas acciones que tienen un impacto enorme.

También lo son los valores que se transmiten: el valor del esfuerzo, la perseverancia, la responsabilidad, la compasión, el pensamiento crítico y la creatividad. Cuando estos valores se viven en casa, no solo se desarrollan talentos, sino personas con vocación y con un buen autoconcepto de sí mismas.

Espacios de enriquecimiento: de casa al mundo

He decidido crear un espacio específico para niños y niñas de altas capacidades o alto potencial: un espacio de enriquecimiento para pequeños de 5 a 10 años, donde el talento pueda desplegarse con libertad, sin etiquetas limitantes ni exigencias desmedidas.

Este espacio no es un “refuerzo escolar” ni una “extraescolar más”. Es un entorno de enriquecimiento donde la curiosidad se celebra, los intereses se despiertan y se respetan, y cada niño encuentra un lugar para explorar su creatividad, crecer emocionalmente, conectar socialmente y desarrollar su potencial cognitivo.

Aquí no se trata solo de aprender más, sino de aprender mejor, en un contexto seguro y estimulante. Lo más bonito de este proyecto es ver cómo, cuando los niños se sienten validados, respetados y, sobre todo, libres de ser quienes son. Porque más que un espacio de aprendizaje, es un espacio donde pertenecer.

El talento necesita un entorno que lo sostenga

Desde mi experiencia, trabajar en el campo de las altas capacidades es como sostenerse sobre un taburete con cuatro patas. Cada una representa un pilar imprescindible del acompañamiento:

  • Es vital la labor de divulgación que los profesionales estamos realizando para dar visibilidad a las altas capacidades, romper mitos y llegar a toda la sociedad.
  • La familia, a través de asesorías individuales, charlas y encuentros donde puedan sentirse comprendidas, formadas y acompañadas, creando tribus que sostienen.
  • El profesorado, cuya formación es urgente y esencial para crear entornos escolares respetuosos, retadores y emocionalmente seguros.
  • Los propios niños y niñas con AACC, con quienes trabajo directamente en Mentes Despiertas, un espacio diseñado como refugio, estímulo y trampolín. Un lugar donde pueden ser ellos mismos, sin camuflarse, sin pedir permiso para brillar.

Este enfoque es el corazón de lo que hago cada día. Porque el talento necesita un entorno que lo sostenga, y el equilibrio solo es posible cuando las cuatro patas del taburete trabajan juntas.

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Educación Inclusiva: una mirada urgente desde la Terapia Ocupacional

Laura Fajardo
Terapeuta ocupacional con formación específica en neurodesarrollo, integración sensorial, psiconeuroinmunología clínica, rehabilitación del miembro superior, atención temprana, psicomotricidad y trastorno del espectro autista.
Si también crees que faltan recursos para una educación inclusiva donde todos los niños y niñas participen… sigue leyendo.

En los últimos años, los centros educativos se han visto desbordados por el creciente número de niños con necesidades educativas derivadas de diferencias en su desarrollo neurológico. Las aulas reciben hoy más alumnos con diagnósticos dentro del espectro autista, trastornos del procesamiento sensorial, TDAH, dificultades de aprendizaje, dislexia, coordinación motora y desafíos en la autorregulación emocional. Lo preocupante no es únicamente el aumento en la prevalencia, sino la falta de respuestas reales y especializadas desde dentro del propio sistema educativo. A pesar de esta realidad, la figura del terapeuta ocupacional sigue ausente en la mayoría de los equipos de apoyo de los centros.

Esta carencia refleja una visión fragmentada del desarrollo infantil. Se siguen abordando las dificultades de aprendizaje desde una mirada estrictamente pedagógica, o se derivan al ámbito médico sin considerar la complejidad del neurodesarrollo. 

Esto es una de las causas de una educación poco inclusiva, donde parte del alumnado no puede acceder al aprendizaje.

Pero el aprendizaje se sostiene sobre una base sólida, requiere atención sostenida, coordinación bilateral, habilidades viso-motoras, control postural, integración sensorial, autorregulación emocional y habilidades manipulativas y gruesas que sostienen la escritura, la lectura y la autonomía diaria. Es en este punto donde la Terapia Ocupacional tiene un papel transformador que aún no ha sido suficientemente reconocido.

Desde una perspectiva integral del neurodesarrollo, la Terapia Ocupacional infantil trabaja sobre las habilidades del niño y sobre la participación en todas las actividades (juego en el patio, alimentación en el comedor escolar, aprendizaje en las aulas…) y sobre el contexto (adaptando los entornos)

Interviene directamente en las bases neurológicas que permiten que un niño pueda sentarse, atender, copiar de la pizarra, organizar su mochila, seguir instrucciones o jugar con sus compañeros.

Evaluamos y abordamos aspectos como la modulación sensorial, la planificación motora, la coordinación bilateral, la escritura funcional o la autorregulación emocional. Pero, sobre todo, trabajamos para que cada niño alcance su máximo potencial de forma autónoma y significativa.

En Proyecto PasiTOs, hemos creado un modelo de intervención que nace de esta necesidad urgente: la de llevar la Terapia Ocupacional directamente a los centros educativos, trabajando en coordinación con docentes, orientadores y familias. 

Nuestra visión es clara: no se trata de adaptar a los niños al entorno, sino de adaptar el entorno a las verdaderas necesidades del desarrollo infantil

Por eso, intervenimos en el aula y en los patios, diseñamos apoyos sensoriales, formamos a los equipos y acompañamos procesos complejos desde dentro. Cuando un docente comprende cómo la sensibilidad táctil o la falta de control postural afecta a la conducta de un alumno, comienza a mirar al niño desde otra perspectiva. Las familias se sienten acompañadas desde un enfoque integrativo.

El modelo de PasiTOs se basa en tres pilares: intervención directa en centros, acompañamiento a familias y formación a profesionales. Esta estructura permite no solo ofrecer soluciones terapéuticas, sino construir una cultura educativa más inclusiva, consciente y neurocomprensiva. Cada intervención se convierte en una oportunidad para transformar no solo la trayectoria de un niño, sino la de todo un entorno.

Estamos convencidas de que la inclusión no se decreta, se construye desde la comprensión profunda del desarrollo humano. No se trata solo de integrar, sino de mirar y entender a cada niño en su singularidad, respetando sus ritmos, potenciando sus capacidades y ofreciendo los apoyos necesarios para que su experiencia escolar sea rica, significativa y feliz.

El futuro de la educación pasa por sumar saberes y profesionales diversos. La Terapia Ocupacional aporta una mirada que puede transformar el aula en un espacio más justo, accesible y estimulante. Y desde PasiTOs, queremos ser parte activa de ese cambio. Sabemos que cuando las mujeres lideramos desde el compromiso con la infancia, creamos impacto real. Que cuando unimos la ciencia del neurodesarrollo con la calidez del acompañamiento humano, generamos entornos donde cada niño puede florecer.

Hoy más que nunca, urge crear puentes entre la educación y la salud, entre la teoría y la práctica, entre el saber pedagógico y el saber corporal y emocional. Urge incorporar la Terapia Ocupacional como parte del sistema educativo, no como un recurso externo, sino como una pieza clave en el engranaje del desarrollo integral del niño.

Desde proyecto PasiTOs avanzamos con propuestas de inclusión educativa reales.

Si quieres saber más entra a leer el siguiente link: https://www.proyectopasitos.es/blog/tu-hijoa-tiene-problemas-en-el-colegio-tienes-que-leer-esto

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La vulnerabilidad como clave del liderazgo educativo

Descubre cómo la vulnerabilidad fortalece el liderazgo educativo, fomenta confianza, colaboración e innovación en comunidades educativas más auténticas.

Tradicionalmente, el liderazgo en cualquier organización se ha asociado con la autoridad, el poder que otorga ser un referente y la seguridad en la toma de decisiones. Desde esta perspectiva, la vulnerabilidad suele percibirse como una debilidad, algo negativo.

Brené Brown, profesora, investigadora y escritora, defiende en su charla TED “El poder de la vulnerabilidad” y en su documental de Netflix “Sé valiente” que, lejos de ser una debilidad, la vulnerabilidad es una fortaleza que requiere gran valentía. Esto se debe a que implica exponerse sin poder controlar los resultados que dicha exposición puede generar. Ser vulnerable significa despojarse de la armadura protectora y mostrarse tal como uno es: con miedos, incertidumbres y dudas. Este acto debe realizarse desde la humildad, reconociendo tanto las imperfecciones propias como la necesidad de colaborar con otros. Todos somos vulnerables, aunque nos cueste admitirlo; esta condición es inherente al ser humano y es esencial para amar, sentir pertenencia e innovar. Quien ama se arriesga a sufrir, quien se siente parte importante de algo, teme sentirse  rechazado o excluido, quien crea e innova siente el vértigo de no gustar, de fracasar.

Brown plantea que ser vulnerable implica estar dispuesto a enfrentar incertidumbre, riesgo y exposición emocional. En lugar de evitarla, abrazar y mostrar nuestra vulnerabilidad nos permite vivir con autenticidad y conectar profundamente con los demás. Este cambio de perspectiva tiene profundas implicaciones en el liderazgo educativo, especialmente en cómo los líderes pueden transformar sus comunidades educativas.

La vulnerabilidad como herramienta para construir confianza

Patrick Lencioni, autor de “Las cinco disfunciones de los equipos”, identifica la falta de confianza como el primer desajuste que puede afectar a cualquier equipo. En los centros educativos, esta disfunción puede manifestarse en relaciones superficiales, escasa participación y poca discusión sobre las decisiones importantes. Esto deriva en cierto conformismo y falta de implicación que limitan el potencial colaborativo e innovador del centro.

Para fomentar la confianza es necesario generar seguridad psicológica: un entorno donde las personas puedan mostrarse tal como son sin temor a ser juzgadas. Este principio se basa en la apertura y en mostrar vulnerabilidad.

Implica que todos los miembros del equipo, incluidos los líderes, deben estar dispuestos a admitir errores, pedir ayuda y compartir sus inseguridades sin miedo al juicio. En los centros educativos, donde las relaciones humanas son fundamentales para el trabajo diario, esta confianza resulta imprescindible para crear un ambiente de cooperación.

Cuando los líderes educativos muestran vulnerabilidad al admitir que no tienen todas las respuestas o al reconocer un error, normalizan este comportamiento y fomentan una cultura donde tanto docentes como estudiantes se sienten seguros para expresar sus ideas y emociones o admitir equivocaciones sin temor al juicio.

Beneficios de liderar con vulnerabilidad

Liderar desde la vulnerabilidad tiene múltiples impactos positivos en los equipos docentes que repercuten favorablemente en el alumnado y las relaciones con las familias:

  • Construcción de confianza: La transparencia en la expresión de ideas y emociones fortalece la conexión entre líderes y equipos.
  • Fortalecimiento de relaciones: La autenticidad fomenta el cuidado de las personas y la creación de vínculos más profundos.
  • Fomento de la colaboración: La apertura impulsa contribuciones genuinas, facilita el mantenimiento de conversaciones difíciles y potencia un mayor sentido de pertenencia.
  • Mayor bienestar emocional: Ser auténtico reduce el estrés asociado con aparentar perfección y fomenta una cultura de apoyo mutuo.
  • Promoción de la innovación: Al eliminar el miedo al juicio, se crea un ambiente propicio para que las ideas fluyan libremente.
Conclusión: liderar desde el corazón

La vulnerabilidad no debilita el liderazgo; lo fortalece. En educación, liderar con autenticidad no solo mejora las dinámicas internas y las relaciones entre equipos docentes sino que también normaliza este valor en toda la comunidad educativa.

Para las mujeres líderes en educación, liderar desde la vulnerabilidad puede ser especialmente transformador. Al desafiar estereotipos tradicionales sobre liderazgo femenino y mostrar autenticidad, inspiran a futuras generaciones a liderar desde el corazón. Como afirma Brené Brown: “La verdadera valentía radica en arriesgarse a abrirse”. Es momento de abrazar esa valentía para transformar nuestras escuelas de dentro hacia fuera, construyendo puentes hacia una comunidad educativa más humana e inclusiva.

⦗1⦘ Brown, B. (2010, junio).The power of vulnerability. Conferencias TED. https://www.ted.com/talks/brene_brown_the_power_of_vulnerability?language=en

⦗2⦘ Brown, B. (2019).The Call to Courage. Conferencia. Netflix. https://www.netflix.com/es/title/81010166

⦗3⦘Lencioni, P. (2002). Las cinco disfunciones de un equipo. Empresa activa

Marta Montero, formadora y coach educativa y de equipos | Economista, experta en dirección de centros y educadora por vocación | Liderazgo que cuida y transforma

Email: martamonterobaeza@gmail.com

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Un reflexión acerca de la serie de Netflix: ADOLESCENCIA

Un submundo más allá de las aulas. Por Geny de Diego, socia MLE , trabajadora social y experta en adolescencia.

Andamos estos días, tanto padres como docentes, algo revueltos con la serie de Netflix: “Adolescencia”. Esta serie muestra, desde un punto de vista muy realista y cercano, la realidad que viven muchos adolescentes y sus familias en el día a día, así como las dinámicas y el submundo que se vive en los institutos y fuera de ellos con sus códigos y un lenguaje creado por ellos.

La impulsividad y los cambios de humor que muestra el protagonista, las mentiras, el gran peso de la opinión y presión de su grupo de iguales y el querer pertenecer al grupo, cueste lo que cueste, son algunas de las características propias de la adolescencia, y todo esto sucede en el escenario de la influencia absoluta e implacable de las redes sociales, algo que los adultos, por suerte, no tuvimos.

Lo que, a veces, nos puedan parecer “cosas de la edad”, que no nos hablen, que se encierren en su habitación durante horas y cuando salen están en silencio, en su mundo, podemos llegar a normalizarlas y no ver más allá. Por eso es tan importante estar presentes, poner límites en el uso de las pantallas, ser nosotros coherentes también con los límites que pongamos, preguntarnos si ese comportamiento es algo de la edad o es un síntoma de alerta que hay que mirar más de cerca y, quizás, buscar la ayuda de un profesional.

La figura de los adultos, tanto de los padres como de los profesores, representa en la serie la desconexión absoluta (lo que necesita el adolescente y lo que quiere el adulto), falta de herramientas adecuadas a las situaciones que viven hoy los adolescentes, falta de comunicación tanto efectiva como afectiva, se pasa de la permisividad al autoritarismo, con amenazas y castigos, hay una falta de acompanyamiento e ignorancia total de lo que hacen los adolescentes. 

En esta etapa de grandes cambios cerebrales, físicos y emocionales, necesitan de forma urgente un adulto que les guíe de forma coherente, con límites desde del cariyno y a la vez con firmeza. Necesitan aprender cómo tolerar la frustración, aceptar un no, aprender a decir no, entender que sentir rabia está bien, pero que no vale cualquier conducta para expresarla. De nosotros como adultos necesitan también que les miremos y escuchemos, necesitan ser tenidos en cuenta, ser aceptados en el grupo familiar, sin etiquetas. De igual forma, necesitan que fomentemos en casa el respeto y la empatía en ambas direcciones.

Ni la tecnología, ni las redes sociales son buenas ni malas, todo depende del uso que les demos y del tiempo que dediquemos. Una de las mejores herramientas que podemos dar a nuestros hijos es desarrollar el pensamiento crítico, que se pregunten si lo que están oyendo o viendo está alineado con los valores familiares, si esa relación, tanto de amistad como de pareja, es una relación tóxica o es una relación positiva. No vamos a estar siempre presentes cuando vean determinados vídeos o informaciones, o cuando tengan que poner límites tanto con amigos como con la pareja, de ahí la importancia de saber decir no y de hacerse buenas preguntas.

Mi reflexión, como Trabajadora social y experta en adolescencia, tanto si se ha visto la serie como si no, es que me gustaría invitarte a revisar los valores con los que estás guiando a tus hijos y cómo los estás transmitiendo, la coherencia de los límites de las reglas en casa, si estás escuchando con interés y atención lo que te cuenta. Te animo a que le cuentes cosas tuyas y pedirle su opinión. 

Tomemos el mensaje de esta serie como una oportunidad para parar y reflexionar cómo está mi relación con mi adolescente ahora. Qué hace mi hijo los fines de semana? quiénes son sus amigos? Cuánto rato pasas con tu hijo y de qué habláis? Esas conversaciones os acercan u os alejan? Deberíamos preguntarnos a quién sigue mi hijo y mi hija en redes? Qué temas le propone el algoritmo de insta, de tik tok…? a qué juegos juega mi hijo y con quién? Y te invito a cambiar el control por la supervisión y cambiar las preguntas de culpabilidad por preguntas de curiosidad e interés. Cuando los adolescentes se sienten controlados y juzgados se repliegan. Si se sienten escuchados, su cerebro no percibe amenaza y es más fácil comunicarse con ellos.

Por último, me gustaría reflexionar sobre ese miedo y esa sensación de “susto” que queda después de ver la serie. Cada adolescente y cada familia es diferente, no significa que vaya a pasar esto en tu casa, pero sí invita a hacernos preguntas. La serie muestra solo una parte de la adolescencia. Sobre los adolescentes que son voluntarios en organizaciones, que pasan los sábados ayudando a otras personas, colaborando con instituciones de forma altruista o que se enfrentan a los abusones en los institutos…. de todos ellos no se habla, pero también están ahí y no son pocos.

 Aprovechemos esta serie para desarollar nosotros también nuestro pensamiento crítico y preguntarnos cómo puedo mejorar la comunicación con mi adolescente.

Si quieres saber más sobre adolescencia y de cómo mejorar tu relación con tu hijo, te invito a visitar mi cuenta de Instagram @geny.coach.

Un reflexión acerca de la serie de Netflix: ADOLESCENCIA Leer más »

Pedagogía del amor para una educación más consciente

¿Por qué pedagogía del amor?

En primer lugar, porque vivimos en una sociedad desalmada, víctima y artífice de barbaries provocadas por el ego. Y si todo empieza en uno y en la educación, el amor resulta pues un tema pedagógico ineludible.

La mente inventa banderas, partidos, religiones, ideales de cualquier índole, fragmentando así nuestro planeta. Una humanidad que juega a ser dios, retando incluso a la naturaleza, a la que infravalora como maestra. Un camino de exterminio nunca podrá acercarse al amor.

El sistema capitalista mundial ha generado una cultura de dependencia tan vertiginosa y sobreestimulada que, mareados por esa inercia, hemos perdido de vista el sentido de la vida. Moramos en una sociedad obtusa que sepulta la dignitas hominis. Una sociedad dominada por un capitalismo perverso, el cual desoye a la humanidad arrojándonos al abismo atroz de las guerras. Una sociedad pueril, exenta de madurez interior. Docentes, familias e instituciones de cualquier tipo, se encuentran atrapados en una laxitud paralizante por miedo, inconsciencia o agotamiento.

A lo largo de la historia uno de los lemas de la educación ha sido (y sigue siendo) que sirve para adaptarnos a la sociedad que habitamos. Sin embargo, ¿cuál es el sentido de adaptarnos a una sociedad enferma? No podemos educar solo para adaptarnos, sino para sanarnos. Y, por otro lado, al no sentir nunca el rol del educador como un mero dispensador de currículo, sino como generador de conciencia, me preguntaba también cómo generar conciencia sin tenerla antes de uno mismo. Así parece ser, todo empieza en uno.

Tenemos como marco de referencia estructural una sociedad inflamada por multitud de acciones escaparatistas, por lo que se vuelve medicinal volver al interior. La vertiginosa velocidad con que actuamos, la ausencia de silencio y reflexión, el uso descontrolado de tecnología, el alejamiento de la naturaleza, el arrinconamiento de la lectura comprensiva, la actitud amorosa, el menosprecio de lo artístico y la filosofía en las aulas, la abrumadora competitividad, currículos inflamados que nos distraen de lo que de verdad nos nutre, una famélica educación emocional y espiritual, definen el panorama ante el que urge una pedagogía de la interioridad.

Educar con amor supone descondicionarnos, dando paso a nuestra inteligencia primordial, la cual atraviesa a todas las demás y las pone a merced de esa búsqueda de sentido, entendida como todo aquello que genera apertura y pertenencia a la vida.

En segundo lugar, el amor es un término que ha sido, y sigue siendo, investigado desde distintas disciplinas: biología, psicología, pedagogía o filosofía, entre otras. Tiene tantos prismas como un diamante. Quizás por ello, resulta arduo concretar y hacer comprensibles sus innumerables matices. Con la mente lo acotamos e intentamos comprenderlo, pero en esencia es como agarrar el aire.

Su trayectoria semántica sigue siendo ecléctica y, en ocasiones, manida, incluso corrompida. Un vocablo que trae consigo múltiples interpretaciones. Por lo que el humilde propósito es intentar hacerlo más comprensible como gran tema dentro de la pedagogía en aras de una humanidad pacífica.

Partiendo de una pedagogía más consciente, amar es lo opuesto al ego, por lo que, para educar en el amor, inevitablemente, hemos de educar la atención contemplativa sobre cada movimiento de nuestra mente tramposa.

Hacia una educación amorosa

El intelecto es osado e invasivo. Lo alimentamos porque habitamos una sociedad sierva de la mente. Pero la naturaleza del pensamiento, más allá de solventar nuestros avatares cotidianos, no tiene tanto de qué ocuparse. Es ahí donde finaliza su utilidad para dejar paso al devenir de ideas sin pretensión resolutiva alguna. Salir del obtuso enredo mental nos encauza hacia una serena vivencia del amor.

Una educación profunda nos hace percibir lo esencial, que no está en los libros. Es una inteligencia que no añade capas de papel maché a la pegajosa máscara del ego, sino que las elimina, permitiéndonos respirar. Hace hueco a la conciencia desatiborrando el ego, vaciándolo. De ese vacío emerge el amor. El ego no soporta el silencio, ya que tiene respuestas para todo. En cambio, el amor se nutre de él, y es en el silencio donde halla toda respuesta o a ninguna. Pues saber que no se sabe, es también sabiduría.

El amor es un estado meditativo permanente de apertura en que la duda y la falta de conclusiones nos permiten discurrir, interminablemente, hacia un inquebrantable autoconocimiento. Es un estado de conciencia no horadado por los intereses del hombre, sino esculpido por la armonía de su naturaleza. El amor nace de la conciencia. Cambiemos control por contemplación. Conocimiento por autoconocimiento que es la materia de la que está hecha una educación más consciente.

Violentamos el trascurrir natural de los acontecimientos para hacerlos a imagen y semejanza de nuestro ego. Hemos perdido de vista la naturaleza como gran educadora. Y no solo eso, sino que estamos condenando al planeta en que vivimos a un devenir catastrófico. ¿Tan ciegos somos? La naturaleza carece de ego y fluye ordenada.

Educar se da en relación a los demás. El amor acontece en el encuentro. Como un conjunto de acciones, una manera de ser y estar que aceptar al otro como un legítimo en la convivencia; por lo tanto, amar es abrir un espacio de interacciones en el que su presencia es legítima sin exigencias. ¿Acaso podrá aprender y/o enseñar bien aquel que no se sienta reconocido? Y no en términos egocéntricos. Esto nos lleva al punto de partida: a nuestro auto-conocimiento amoroso. ¿Cómo podemos generar conciencia en los educandos sin tenerla de nosotros? La autoconciencia radica en darnos cuenta de nuestra conciencia, para lo que la interacción con los demás se torna espejo.

El halo socializador del planeta es bélico. ¿Cómo nos hemos educado para llegar hasta aquí? Resulta inaplazable un cambio de paradigma educativo que nos oriente al amor. El comienzo del mismo conlleva darse cuenta de todas aquellas conductas que identificamos aversivas. La pedagogía del amor como aquello que aprender, reaprender y/o desaprender para ir de la mano de nuestra sabia biología que nada sabe de egos.

Los docentes amorosos ponen de manifiesto, en su práctica diaria, lo que implica serlo. Esto acarrea una decisión firme y consciente de relacionarse con los alumnos de un modo especial. Imprimen su quehacer de fuerza emocional, coraje, templanza, humildad, curiosidad, perseverancia, escucha, esperanza, gratitud, honestidad, coherencia, contemplación, lentitud, paciencia, amabilidad, serenidad, colaboración, valentía, sentido del humor, ecuanimidad y calidez anímica. En definitiva, el maestro como crisol de actitudes humanas generadoras de amor que contrarrestan la gelidez del mundo que habitamos.

Keywords: educación consciente, amor y autoconocimiento.

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 “Enséñame a comunicar”: por qué hablar en público sigue siendo nuestra asignatura pendiente

Lara Fernández, periodista especializada en crianza, maestra de Educación Infantil y content manager de Educar es todo

En Educación, como en otros tantos ámbitos, la comunicación es esencial. Necesitamos comprender los mensajes para poder desarrollar un pensamiento crítico. Por eso es fundamental aprender a expresarnos.

¿Quién no ha tenido que enfrentarse a hablar en público en alguna ocasión? ¿O le ha tocado hacer un escrito formal? Puede que llegue el día en el habremos de enfrentarnos a una charla importante en nuestro trabajo o que simplemente queramos expresarnos durante una reunión. Tal vez necesitemos redactar una carta a un ayuntamiento. Incluso puede que sean nuestros hijos o nuestros alumnos los que se vean en la tesitura de hacer una exposición de un trabajo, una simple redacción o de presentarse a unas oposiciones.

No nos han enseñado, y muchas veces no sabemos cómo hacerlo, y nos bloqueamos. A nuestros hijos y alumnos también les pasa.

El problema estriba en que, además, disponemos de pocos recursos para convertir nuestras conversaciones en exitosas y efectivas. Porque quizá el lenguaje verbal tampoco nos acompaña. Y al final este es el pilar fundamental de una comunicación. De hecho, según Mehrabian, solo el 7% del intercambio comunicativo corresponde a las palabras. El 93% restante lo determinan y constituyen el lenguaje corporal y el uso de la voz, es decir, elementos no verbales.  Hablando claro, una conversación puede irse al traste sin ni siquiera haber pronunciado una sola palabra.

En la educación, como en otros tantos ámbitos, la comunicación es esencial. Necesitamos comprender los mensajes para poder aprender. Si somos maestros, es vital que sepamos trasmitir motivación, valores, ilusión, ganas de aprender, curiosidad por el aprendizaje… y tantas otras cosas a nuestros alumnos. Si somos nosotros los estudiantes, requerimos de herramientas para poder entender y comprender, atender y asimilar. Si somos padres y madres queremos que nuestros hijos nos escuchen, pero también que se comuniquen con nosotros.

Por eso es fundamental que interioricemos una serie de claves. Como ocurre siempre en educación, existen ingredientes básicos que hay que introducir en la coctelera para obtener esa receta deliciosa y fraguada a fuego lento. Aquí encontraremos principalmente el ejemplo. Porque nuestros alumnos, nuestros hijos, los niños en definitiva, no aprenden de lo que les decimos o de lo que les explicamos, sino de lo que hacemos, de lo que les mostramos con nuestros gestos y hechos. Pero también el amor, el juego, la presencia, el acompañamiento y apoyo incondicional, la validación emocional, el fomento de la autoestima, los cuentos como herramienta valiosa, la escucha activa y las preguntas abiertas y no condicionadas ni que pretendan enjuiciar.

 En nuestra mano está ayudarles, y ayudarnos a nosotros mismos. Porque al igual que la educación emocional, la asertividad, la educación digital y otros tantos aspectos no encontraban su hueco en la educación y nos tocó desaprender para aprender de nuevo, con la comunicación y la expresión oral y escrita sucede lo mismo. Nos toca aprender las herramientas al mismo tiempo. Aprender mientras enseñamos.

Y de eso va precisamente el libro ‘Enséñame a comunicar’, prologado por Manu Velasco, maestro con los pies en la tierra y la cabeza en las estrellas. No solo porque desglosa recursos, tips y trucos para aplicar tanto en la comunicación oral como en la escrita, tanto en la comunicación no verbal como en el aula, sino también porque propone un total de 80 dinámicas, actividades y juegos para llevarlo a cabo tanto en familia como en el aula.

Si quieres saber más, puedes contactarme a través de mi cuenta personal de Instagram: @lara_mamaestra

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