“Aún no sé qué quiero estudiar”. La eterna duda de los adolescentes.

Rosa Fuertes
Orientadora vocacional y creadora de Own Your Path

¿Tu hijo no sabe qué estudiar? Orientación vocacional en adolescentes para descubrir sus talentos y elegir carrera desde su voluntad.

Se aproxima el final del verano y en cada reunión familiar surge la eterna pregunta: “entonces, ¿qué vas a estudiar cuando acabes el colegio?”, y la ya acostumbrada respuesta: “pues aún no lo sé”. Detrás de esta simple frase, nuestros adolescentes ocultan miedo, angustia, frustración. “Todos en mi clase ya saben lo que quieren hacer; ¿por qué yo no lo sé?; ¿qué pasa conmigo?”.

Recuerdo a mis 16 años la misma sensación de duda. Un comecome que no me dejaba tranquila.

Elegí quedarme en medio, ni Ciencias ni Letras. Yo elegí lo que entonces se llamaba “Mixtas”, que era Latín, Historia y Matemáticas. Con esa decisión me quité Física y Química, porque toda decisión conlleva una renuncia.

El riesgo de elegir estudios sin un proceso de orientación educativa

Ya en COU (hoy 2º de Bachillerato), en una charla informal en la biblioteca con la directora de mi colegio, me atreví a preguntarle directamente: “Yo no sé qué estudiar o qué hacer, creo que voy a estudiar Ciencias Económicas, ¿tú qué opinas?” La directora era también nuestra profesora de matemáticas; era seria, pero «maja».

Su respuesta fue breve: “Económicas tiene mucho análisis matemático, yo no te veo a ti estudiando esa carrera”. FIN. No me dio ni más explicaciones ni más opciones. Recuerdo que me quedé callada, mirándola, asintiendo con la cabeza. Claramente esperaba algo más, algo que, en esa sala, en ese momento, nadie supo darme. Buscaba orientación vocacional.

Siempre he sido estudiosa, responsable y sacaba buenas notas, así que entré en Económicas, pero no fue ni por lo que me dijo esa profesora, ni por lo que no me dijo. Simplemente, entré porque era la carrera que había elegido mi mejor amiga dos años antes, la veía contenta, así que no miré opciones, no pensé más alternativas, no sabía qué se estudiaba en Económicas ni qué profesiones se podrían desarrollar al licenciarme. Simplemente me lancé a la corriente, sin agarrar ni siquiera un salvavidas.

De Económicas me gustaron asignaturas como Análisis Matemático, Econometría y Estadística, curiosamente, no me costaba especialmente estudiarlas; eran las que más me entretenían porque me apasionaba encontrar soluciones a los problemas. Me gustó mucho el año que iba a clases por las tardes, me encantaba el ambiente que se respiraba por aquel entonces en la Facultad, gente mayor, menos alumnos en las aulas, la biblioteca mucho más silenciosa… si cierro los ojos, aún puedo sentir el silencio, las pequeñas toses de unos cuantos y el pasar de las hojas de los libros que consultábamos para nuestros exámenes.

En resumen, de la carrera que estudié me gustaban el análisis y la lógica, los buenos oradores que me atrapaban con sus explicaciones, y la sensación de “madurez”, de silencio y libertad de los últimos años.

Me gustaba liderar, inventar, crear lo que fuera: un juego nuevo, un baile…

Cuando había algún problema, yo siempre intentaba buscar alguna solución, odiaba los enfrentamientos, pero no podía mantenerme al margen de las injusticias. Siempre me sorprendía escuchando a alguna amiga o amigo, o acompañando a aquellos que me importaban y que yo sabía que estaban pasando malos momentos.

Sin embargo, estas habilidades y talentos innatos no eran evidentes para mí a los 17 años en aquella biblioteca de mi colegio. Lo que yo buscaba en esa conversación no era una aprobación, sino herramientas de orientación vocacional para adolescentes que me ayudaran a identificar mis fortalezas, mis miedos, mis propósitos de vida, que me guiaran hacia el crecimiento personal y la tranquilidad que da el saber quién eres, y quién quieres llegar a ser.

Ojalá el sistema educativo de entonces hubiera sabido crear un espacio de confianza. Un lugar para plantear preguntas estratégicas, derribar creencias limitantes y entender que las pasiones —como el ballet, mi segunda carrera que me sirvió como brújula y me dio tantos referentes— no están reñidas con la excelencia académica.

Nadie nos puede dar nuestras propias respuestas, pero una guía adecuada puede inspirarnos a descubrir nuestra verdadera identidad. 

Innovación educativa: El método de OwnYourPath

Por todo esto nace OwnYourPath. Un espacio libre de juicios, donde las preguntas funcionan como motor de futuras respuestas, donde los talentos innatos emergen de cada adolescente entre miedos, creencias que los limitan y barreras que no son del todo propias. Porque toda persona tiene debilidades, pero también fortalezas, y la adolescencia es una etapa preciosa para descubrirlas y disfrutarlas.

Mediante talleres dinámicos y programas ad hoc en colegios e instituciones educativas, OwnYourPath ofrece a los adolescentes la oportunidad de descubrir por sí mismos lo que quieren estudiar y el lugar donde desean formarse para lograrlo.

Porque cuando tienes un propósito, cuando te conoces a ti mismo, el camino lo construyes paso a paso. Tan solo tienes que seguir las migas de pan que poco a poco fuiste soltando.

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