Maemuki un viaje creativo hacia la gestión positiva de las emociones

Vanesa Álvarez

Por Vanesa Álvarez

Maestra de educación infantil y primaria, P.T. y experta en psicología positiva, gestión emocional y mindfulness. Creadora del proyecto de gestión emocional Maemuki para niños/as y adolescentes (a partir de 9 años).

En la escuela se aprenden letras, números, ciencias… pero ¿qué ocurre con las emociones? ¿Quién nos enseña a reconocer lo que sentimos, a darle un nombre y a encontrar la mejor manera de expresarlo?

Cada día, en las aulas, los niños y adolescentes conviven con miedos, alegrías, enfados o frustraciones que influyen directamente en su aprendizaje y en su forma de relacionarse. De ahí nace Maemuki, un proyecto pedagógico y artístico diseñado para acompañar a la infancia y adolescencia en el descubrimiento y gestión de sus emociones que surge de la unión entre la psicología positiva y la educación emocional, utilizando el arte y la creatividad como vías privilegiadas para expresar y transformar las emociones.

El origen del proyecto

“Maemuki” es una palabra japonesa que significa mirar hacia adelante con optimismo. Nació de la unión entre mi experiencia docente y la psicología positiva. Como maestra y experta en gestión emocional, entendí que era necesario crear un espacio seguro y creativo en el que pudieran explorar su mundo interior a través de medios distintos a los tradicionales. No se trata solo de hablar de emociones, sino de reconocerlas, sentirlas, expresarlas y transformarlas mediante actividades vivenciales.

¿Por qué trabajar las emociones desde la infancia?

Las emociones forman parte de nuestra vida diaria: sentimos alegría cuando compartimos con amigos, frustración cuando nos equivocamos, miedo cuando nos enfrentamos a algo nuevo o tristeza cuando perdemos lo que valoramos. Sin embargo, no siempre tenemos las herramientas necesarias para comprenderlas y canalizarlas.

Aprender desde pequeños a identificar lo que sentimos favorece la inteligencia emocional, un conjunto de capacidades que, según investigaciones en psicología positiva, se relaciona directamente con la autoestima, la resiliencia, la empatía y la calidad de las relaciones interpersonales. Un niño que sabe poner nombre a su enfado y expresarlo de forma constructiva tiene más recursos para resolver conflictos sin necesidad de recurrir a la agresividad o al aislamiento.

Metodologías que despiertan emociones

El proyecto está diseñado para trabajar de manera gradual. Cada curso escolar cada nivel, se centra en tres emociones específicas, lo que permite profundizar en ellas y no quedarse en lo superficial, a través de:

  1. Historias que conectan: En Maemuki se utilizan cuentos y narraciones breves en las que los personajes enfrentan situaciones emocionales cercanas a la vida de los niños.
  2. Arteterapia: garabatos, arcilla y neurografía. El arte ofrece un lenguaje simbólico que a menudo permite expresar lo que las palabras no alcanzan.
  3. Ejercicios prácticos: Se incorporan dinámicas de respiración consciente, mindfulness adaptado a la infancia. Estas prácticas fomentan la atención plena y ayudan a los niños a desarrollar estrategias para regularse en el día a día.
  4. Juegos de rol: Las dramatizaciones permiten ensayar respuestas ante situaciones cotidianas: un enfado con un amigo, los nervios antes de un examen o la alegría por un logro. Al representar distintos papeles, los niños experimentan nuevas formas de reaccionar y aprenden a ponerse en el lugar del otro.

Cada sesión está diseñada para que el alumnado experimente, sienta y cree, convirtiéndose en protagonista de su propio proceso emocional.

La combinación de estas metodologías tiene un impacto positivo tanto a nivel individual como social:

  • Mayor conciencia emocional: aprenden a identificar y nombrar lo que sienten.

  • Desarrollo de la empatía: comprenden que los demás también atraviesan emociones intensas.

  • Mejora de la autogestión: adquieren recursos para calmarse, expresarse y tomar decisiones más conscientes.

  • Fortalecimiento de la autoestima: al sentirse escuchados y capaces de transformar sus emociones, refuerzan la confianza en sí mismos.

  • Creación de un clima de grupo positivo: la cooperación y el respeto mutuo se convierten en valores compartidos.

Una apuesta por el bienestar integral

Este curso 2025-26 me siento especialmente feliz porque “Maemuki” comenzará a ponerse en práctica en el Estudiantes International School de Las Tablas, Madrid, en el que tengo el privilegio de trabajar desde hace quince años. Es un paso muy emocionante, ya que supone ver cómo una idea, un proyecto, se transforma en experiencia viva dentro del aula. Confío en que pronto más centros educativos, centros culturales y asociaciones se animen a sumarse a esta iniciativa, convencidos de la importancia de favorecer la educación emocional.

La educación emocional no es una moda pasajera, sino una necesidad urgente en la sociedad actual. Los niños y adolescentes que crecen con herramientas para gestionar sus emociones se convierten en adultos más conscientes, empáticos y resilientes.