Cuando un niño no puede hablar, pero tiene mucho que decir: el sistema bimodal en el aula

INÉS DÍEZ SIERRA

Experta en audición y lenguaje, pedagogía y signos para bebés, niñas y niños

Hay una escena que muchas maestras de infantil conocen bien. Un niño se acerca a la zona de juego, señala algo, vocaliza con insistencia y, cuando el adulto no entiende, aparece la frustración. A veces parece una pataleta. Pero, en muchas ocasiones, es algo más sencillo y profundo: un niño que tiene algo que decir y todavía no encuentra la manera de decirlo. Y un adulto que quiere acompañarle, pero no siempre dispone de las herramientas para comprenderle.

Las aulas de hoy no son homogéneas. Nunca lo fueron, pero ahora lo sabemos mejor y tenemos más responsabilidad de responder a esa diversidad. En una misma clase conviven perfiles muy distintos: el niño que acaba de llegar y no domina el idioma, el que tiene un retraso del lenguaje en seguimiento, el que está en proceso diagnóstico de TEA, el más pequeño que aún no tiene expresión oral suficiente, o el que simplemente necesita más tiempo.

Todos ellos comparten algo esencial: tienen cosas que comunicar, aunque no siempre encuentren el canal para hacerlo. El sistema bimodal en el aula puede convertirse en una herramienta muy valiosa para apoyar esa comunicación, favorecer la comprensión y facilitar la participación desde edades tempranas.

Qué es el sistema bimodal y qué no es

Conviene aclarar desde el principio una distinción que genera mucha confusión: el sistema bimodal no es la Lengua de Signos Española (LSE).

La LSE es una lengua natural completa, con gramática y estructura propias, utilizada por la comunidad sorda como lengua de comunicación. El sistema bimodal, en cambio, es un apoyo a la comunicación oral que combina el habla con signos de forma simultánea, manteniendo siempre como base la lengua oral. Se continúa hablando de manera natural y se acompañan algunas palabras clave con el signo correspondiente para reforzar la comprensión y la expresión. No se trata de sustituir el habla ni de enseñar una lengua de signos completa, sino de hacer el lenguaje más accesible para aquellos niños que todavía están construyendo su expresión oral o que necesitan apoyos adicionales para participar.

En España existen distintas propuestas de bimodal y signos para bebés y niños, algunas basadas en sistemas anglosajones como la Lengua de Signos Americana o la Británica. Trabajar con signos procedentes de la LSE aporta coherencia cultural, lingüística e inclusiva: ofrece una herramienta conectada con nuestro entorno comunicativo y respetuosa con la comunidad sorda española.

Por qué los signos pueden apoyar el desarrollo del lenguaje

La pregunta que más me hacen familias y profesionales es siempre la misma: ¿y esto no va a retrasar el habla?

La respuesta, desde una mirada actual y prudente del desarrollo comunicativo, es no. Cuando los signos se utilizan acompañando siempre al lenguaje oral, dentro de interacciones naturales y significativas, no sustituyen el habla. Al contrario: pueden apoyar la comprensión, favorecer la comunicación funcional y reducir la frustración en momentos cotidianos.

Uno de los principios más importantes del desarrollo del lenguaje neurotípico es que la comprensión suele ir por delante de la expresión. Un niño puede entender la palabra “ayuda” mucho antes de poder pronunciarla. Esa distancia es habitual en el desarrollo temprano, y puede hacerse más evidente en niños con retraso del lenguaje, perfiles con TEA, discapacidad auditiva u otras necesidades comunicativas.

Además, el gesto forma parte del desarrollo comunicativo desde el principio. Antes de hablar, los niños miran, señalan, muestran, piden, rechazan, vocalizan y buscan la atención del adulto. Cuando una maestra acompaña con un signo palabras como “más”, “agua” o “ayuda” en una rutina del aula, no está dejando de estimular el habla: está ofreciendo un andamiaje visual que ayuda al niño a comprender mejor y a encontrar una vía para participar antes de que la palabra oral esté disponible.

Una herramienta de base para una inclusión real

Uno de los errores más frecuentes cuando hablamos de apoyos comunicativos en el aula es esperar a que llegue “el niño que lo necesita” para empezar a utilizarlos. Pero la inclusión real no se construye cuando aparece la necesidad urgente: se construye antes, creando entornos accesibles desde el principio.

Cuando toda el aula utiliza algunos signos funcionales, nadie queda marcado ni señalado. La herramienta deja de ser una etiqueta individual y se convierte en un recurso compartido. Y en esa “normalización” está una de sus mayores fortalezas.

El sistema bimodal puede ser especialmente útil para niños con retraso del lenguaje, perfiles con TEA, discapacidad auditiva u otras necesidades comunicativas, alumnado recién llegado sin conocimiento del idioma, niños en entornos bilingües o multilingües y pequeños que todavía no tienen expresión oral suficiente. En todos estos casos, el signo actúa como puente: entre la comprensión y la expresión, entre el niño y el adulto, entre la intención comunicativa y la participación real.

Cómo empezar: los primeros signos para el aula

Incorporar el bimodal no requiere empezar con una lista enorme ni convertir a las maestras en expertas en lengua de signos. Suele ser más eficaz comenzar con pocos signos, muy bien elegidos. El criterio debería ser siempre funcional: ¿qué palabras necesita comprender y expresar ese niño en su día a día?

Más — para pedir repetición o continuidad.

Se acabó / Terminar — para anticipar el final de una actividad.

Ayuda — para pedir apoyo antes de que la frustración escale.

Agua / Comer / Baño / Dormir — para necesidades básicas.

Sí / No — para favorecer elecciones y respuestas sencillas.

Lo importante no es que el niño imite el signo de forma perfecta desde el primer día. Lo importante es que el adulto modele de manera constante, natural y contextualizada. Un signo que aparece siempre en el mismo momento de la rutina se convierte poco a poco en una señal comprensible para todos, independientemente de su perfil.

Quién está detrás de Lenguaje con Inés

Soy Inés Díez Sierra, especialista en Audición y Lenguaje y Pedagogía Terapéutica, con Máster en Necesidades Educativas Especiales y asesora certificada de signos para bebés y niños. Desde Lenguaje con Inés acompaño a familias y profesionales de la educación que quieren incorporar signos procedentes de la LSE y comunicación bimodal de forma respetuosa, funcional y adaptada a las necesidades reales de cada niño.

He visto en terapia y en el aula lo que ocurre cuando un niño encuentra la manera de decir “ayuda” antes de saber pronunciarla. Cambia su relación con el entorno. Cambia la mirada del adulto hacia él. Y, a veces, cuando la frustración se reduce y la comunicación fluye, cambia el clima de toda la clase.

Porque muchas veces no se trata de que un niño “no quiera” comunicarse. Se trata de que todavía no hemos encontrado el canal adecuado para que pueda hacerlo.

Porque comunicar no es solo hablar. Comunicar es poder pedir, rechazar, elegir, compartir, anticipar, participar y ser tenido en cuenta.

Si quieres ver cómo se aplica en la práctica, en @lenguajeconines comparto recursos y signos para el aula cada semana. Y si buscas formación más completa para ti o para tu equipo, en lenguajeconines.com encontrarás cursos y talleres para familias y profesionales de la educación.

Y cuando un niño puede comunicarse, todo lo demás empieza a ser posible.