Por Vanessa Amat
Comunicadora y profesora experta en Altas Capacidades, fundadora de Hirameki AACC y Mentes Despiertas, un espacio de enriquecimiento para niños y niñas de 5 a 10 años
Cada vez que una familia me contacta con la sospecha, o con la certeza, de que su hijo o hija puede tener altas capacidades, comienza un viaje fascinante, lleno de desafíos, descubrimientos y, sobre todo, de transformación. Una transformación que, contrariamente a lo que muchos creen, no empieza en el aula. Comienza en casa. Porque la familia en las altas capacidades no solo acompaña: influye de manera decisiva en todo el proceso de desarrollo.
La evidencia científica es clara: la familia tiene un papel determinante en el desarrollo académico, emocional y personal de los niños con altas capacidades. Sin embargo, este papel no siempre se entiende ni se asume con claridad. Por eso, antes de trabajar con los niños, trabajo con sus familias.
Del mito a la comprensión
Durante años, la sociedad ha convivido con mitos en torno a los niños con altas capacidades: que lo logran todo solos, que no necesitan apoyo, que son pequeños genios que funcionarán “sí o sí”. Nada más lejos de la realidad. El talento necesita ser reconocido, nutrido, comprendido y acompañado, y para ello, la familia en las altas capacidades es la primera escuela emocional, intelectual y ética de estos niños y niñas.
Desde el primer momento, incluso antes de que un informe de evaluación realizado por un profesional experto confirme las altas capacidades, la observación de las familias es crucial. Las preguntas incesantes, el lenguaje precoz, la sensibilidad emocional o la curiosidad desbordante no son casualidades: son señales. Y como tales, necesitan ser entendidas, no silenciadas ni ignoradas.
¿Por qué trabajo primero con las familias?
Como profesional experta en AACC, he visto cómo el desconocimiento o la presión puede llegar a desbordar a las familias: por miedo a “etiquetar” a sus hijos, por temor al rechazo social o, incluso, por la creencia de que “si es listo, le irá bien sin hacer nada”. Pero también he visto la otra cara: familias que, al comprender el perfil de su hijo, se convierten en sus mejores aliadas, defensoras y facilitadoras.
Por eso, mi primer paso siempre es acompañar a la familia: ya sea en el momento de la sospecha, con un informe de identificación en mano o en fases más avanzadas. Las asesorías familiares que ofrezco están pensadas como un espacio seguro, libre de juicios, para hacer preguntas, compartir inquietudes y trazar un plan. Un plan que no busca moldear al niño a una expectativa externa, sino crear el entorno donde pueda desarrollarse a su ritmo, con sus pasiones y con sus retos.
Talento en equilibrio: ni sobreimplicación, ni abandono
El desarrollo del talento no es una carrera de fondo gestionada por padres helicóptero. Tampoco un proceso automático que sucede “porque sí”, por arte de magia. Lo ideal es encontrar un equilibrio: familias presentes, conscientes, que promuevan la autonomía y el esfuerzo, pero que, por supuesto, no condicionen su amor al rendimiento.
He visto lo que puede suceder en ambos extremos: padres tan involucrados que asfixian; otros tan ajenos a lo que suponen las altas capacidades que el niño crece con la idea de que su diferencia es un problema. Lo más efectivo es ofrecer un apego incondicional y cultivar un entorno emocionalmente seguro, intelectualmente estimulante y humanamente comprensivo.
La familia como promotora del talento
La familia en las altas capacidades actúa como el primer entorno de aprendizaje. Las conversaciones en casa, los libros a mano, las visitas a museos, el respeto por las preguntas, la validación de las emociones intensas, el tiempo para crear sin límites, son pequeñas acciones que tienen un impacto enorme.
También lo son los valores que se transmiten: el valor del esfuerzo, la perseverancia, la responsabilidad, la compasión, el pensamiento crítico y la creatividad. Cuando estos valores se viven en casa, no solo se desarrollan talentos, sino personas con vocación y con un buen autoconcepto de sí mismas.
Espacios de enriquecimiento: de casa al mundo
He decidido crear un espacio específico para niños y niñas de altas capacidades o alto potencial: un espacio de enriquecimiento para pequeños de 5 a 10 años, donde el talento pueda desplegarse con libertad, sin etiquetas limitantes ni exigencias desmedidas.
Este espacio no es un “refuerzo escolar” ni una “extraescolar más”. Es un entorno de enriquecimiento donde la curiosidad se celebra, los intereses se despiertan y se respetan, y cada niño encuentra un lugar para explorar su creatividad, crecer emocionalmente, conectar socialmente y desarrollar su potencial cognitivo.
Aquí no se trata solo de aprender más, sino de aprender mejor, en un contexto seguro y estimulante. Lo más bonito de este proyecto es ver cómo, cuando los niños se sienten validados, respetados y, sobre todo, libres de ser quienes son. Porque más que un espacio de aprendizaje, es un espacio donde pertenecer.
El talento necesita un entorno que lo sostenga
Desde mi experiencia, trabajar en el campo de las altas capacidades es como sostenerse sobre un taburete con cuatro patas. Cada una representa un pilar imprescindible del acompañamiento:
- Es vital la labor de divulgación que los profesionales estamos realizando para dar visibilidad a las altas capacidades, romper mitos y llegar a toda la sociedad.
- La familia, a través de asesorías individuales, charlas y encuentros donde puedan sentirse comprendidas, formadas y acompañadas, creando tribus que sostienen.
- El profesorado, cuya formación es urgente y esencial para crear entornos escolares respetuosos, retadores y emocionalmente seguros.
- Los propios niños y niñas con AACC, con quienes trabajo directamente en Mentes Despiertas, un espacio diseñado como refugio, estímulo y trampolín. Un lugar donde pueden ser ellos mismos, sin camuflarse, sin pedir permiso para brillar.
Este enfoque es el corazón de lo que hago cada día. Porque el talento necesita un entorno que lo sostenga, y el equilibrio solo es posible cuando las cuatro patas del taburete trabajan juntas.

