Rosario Rothamel
Directora de La Granja – Ability Training Center
Leer no siempre fue mi refugio. De niña, leer me aburría, me desconcentraba, nada me atrapaba. Pero con el tiempo algo cambió. La lectura dejó de ser una obligación escolar para transformarse en uno de mis rituales de bienestar más preciados: mis momentos de descanso programados, como diría Rafael Bisquerra. Son instantes al día en los que dejo que mi mente se sumerja en las palabras, como una buceadora en un océano, sin distracciones, con sentido, con vida.
Ciencia que respalda el placer de leer
La lectura no solo entretiene: también cura, calma y protege. La ciencia lo respalda:
- Un estudio de la Universidad de Sussex encontró que leer apenas seis minutos al día puede reducir el estrés en torno al 68 %, superando a muchas otras actividades relajantes como caminar o escuchar música.
📚 Fuente - En adolescentes, un programa de story reading mostró mejoras claras en salud mental tras solo cinco semanas: más optimismo, emociones positivas, mejora en mindfulness, y reducción de ansiedad y depresión.
📖 Fuente - Revisiones recientes en neurociencia muestran que leer de forma sostenida está asociado a cambios estructurales en el cerebro: mayor conectividad, desarrollo de la materia blanca, mejoras en fluidez lectora, memoria y funciones ejecutivas.
🧬 Fuente
Leer para cuidar… e incluso prevenir
El psicólogo Francisco Villar ha hablado abiertamente sobre la lectura como herramienta preventiva en salud mental, incluso frente a situaciones extremas como el suicidio. Para él, generar hábitos que fortalezcan el vínculo con uno mismo, que permitan pausar el ruido externo y procesar la vida interior, puede ser una forma de sostener emocionalmente a quienes lo necesitan. La lectura —dice— abre mundos, pero también tiende puentes hacia dentro.
En un contexto donde las pantallas saturan la atención, la lectura puede ser un refugio para calmar la mente, reconectar con lo esencial y, sobre todo, para no sentirse solo. Es presencia. Es pausa consciente y quietud activa. Es acompañamiento silencioso.
Beneficios emocionales menos visibles, pero esenciales
- Leer en voz alta. De pequeña, esta práctica me generaba ansiedad: el error, la vergüenza, el juicio. Pero encontré en mi padrino Carlos el espacio más bonito y seguro para hacerlo. “Aunque te dé vergüenza, léeme un poquito más… vas a ver que cada día lo harás mejor”, me decía. Y así, poco a poco, fui encontrando en su voz y su mirada una confianza que no sabía que necesitaría. Años después, leer en voz alta es una de las cosas que más disfruto. A veces, frente a 50 o 60 niños que esperan saber qué pasará con Bruna, Simón o quien sea el personaje del día… me siento como una cantante de rock en su escenario. No sé si eso le gustaría a mi padrino. Bueno, sí. Sí lo sé. Le encantaría.
- Atención plena. Leer no es solo “hacer algo”. Es dejar de hacer mil cosas a la vez. Es poner la mente en un solo lugar, una sola línea, una sola historia. Es como meditar, pero con letras. Como hacer yoga, pero desde la comodidad del sofá.
- Empatía y comprensión emocional. Leer nos hace vivir otras vidas, sentir otras formas de pensar, conectarnos con emociones que no siempre sabemos nombrar. Tanto en la niñez como en la adultez, la lectura nos habilita la entrada a nuestro inconsciente. Leyendo, encontramos respuestas profundas que conscientemente tardaríamos mucho en formular.
Encontrar tu forma de leer
Yo nunca leo un solo libro a la vez. Me aburro. Me los termino demasiado rápido y no tengo tiempo para procesar lo que me están diciendo. Me gusta intercalarlos, volver a ellos días después. Me gusta que lo leído repose en mi cabeza como cuando dejas marinar una idea.
Pero también hay quienes prefieren leer uno solo, de a poco, con calma. O quienes leen cómics. O cuentos breves. O libros de autoayuda. O poesía. Incluso personas que: ¡empiezan leyendo el final! Todas las formas son válidas. Lo importante no es el formato. Es el hábito. Es ese momento diario que se convierte en un acto de autocuidado.
Leer como acto cotidiano de bienestar
Rafa Guerrero, desde la neuroeducación, nos recuerda que leer no es solo un entretenimiento: es una práctica que fortalece funciones ejecutivas clave. Leer ayuda a regular emociones, a sostener la atención, a transitar la frustración, a mejorar el vínculo con uno mismo y con los demás.
Leer es una forma de cuidar el cuerpo emocional. Es darte un rato para estar presente. Para no tener que responder nada. Para solo estar.
Veredicto
Leer cura. Leer enseña. Leer acompaña.
En las páginas de un libro nos encontramos con nuestras dudas, con nuestras historias no resueltas, con nuestras propias voces. A veces, un párrafo basta para cambiar el ánimo de un día. A veces, una lectura compartida basta para sembrar una vocación.
Te invito a que busques esa forma de leer que te haga bien. No importa cómo empieces. Solo empieza.
Y en el siguiente capítulo… ¡el poder de la escritura!

