Anna Farreras
Maestra de educación primaria, infantil y especialista en educación musical. Certificada en Disciplina Positiva. Especializada en Competencia Digital Docente.
Después de las vacaciones todos recordamos la sensación de calma y energía renovada que nos aportan. Estos momentos nos muestran lo importante que es cuidar cuerpo y mente para prevenir el estrés y recuperar equilibrio. ¿Y por qué no ofrecer esta misma experiencia a los niños y niñas en la escuela?
El mindfulness es una forma sencilla y efectiva de hacerlo. Se trata de crear pequeños espacios de pausa donde los alumnos aprendan a estar presentes, respirar con consciencia y escuchar el silencio.
Esto fomenta que descubran cómo relacionarse con atención y cómo identificar las propias emociones en el día a día. Estos momentos de calma aportan beneficios claros: mejoran la concentración, reducen el estrés y ayudan a gestionar pensamientos sentimientos.
También potencian la capacidad de aprender y, sobre todo, enseñan a disfrutar del presente con mayor serenidad. Cuando acompañamos al niño a explorar lo que siente ya aceptarlo sin juicios, estamos construyendo las bases de un aprendizaje más humano y significativo.
Aquí y ahora, también en la escuela
Incluir este tipo de actividades en la planificación de clases es clave e indispensable para que descubran cómo relacionarse con atención y cómo identificar las propias emociones en el día a día.
Practicarlas antes de empezar un nuevo aprendizaje, al volver del patio o del comedor pueden ser buenos momentos.
Por eso, en nuestras programaciones didácticas, la palabra BIENESTAR debería tener siempre un lugar destacado en nuestro horario escolar.

